Créditos

Fundació Bancària “la Caixa”

Idea original y guion:
Ivo Fornesa

Diseño y producción del interactivo:
El taller interactivo, S. L.

Ilustraciones:
Carlos Lluch

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Conoce a Wasma, de Marruecos

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Conoce a Wasma, de Marruecos

Wasma
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Os propongo conocer a Wasma, que nació en Marruecos en un precioso pueblo del Rif pero vive en Barcelona, una ciudad muy bonita en la que se siente muy a gusto con su familia.

Según su padre, si escarbamos un poco, todos nos acabamos pareciendo y encontramos similitudes. Las cosas en común son siempre interesantes y atractivas y sirven para sentir que somos
parte de algo.

Pero las diferencias también están bien, y acentúan lo que tenemos en común.

Es como en la familia; sería horrible que todos fuésemos iguales.

Wasma acaba de empezar en una nueva escuela.

Como muchos niños y niñas vienen de otros países, la profesora les propone celebrar de vez en cuando una especie de día nacional durante el cual los alumnos pueden usar sus ropas tradicionales, traer alguna comida típica de su casa y contar algo de su tierra, y así, conocerse mejor.

De Marruecos hay tanto interesante y bueno que contar, que Wasma
ha decidido explicar una
anécdota propia.

-¡Ojalá! sea entretenida- dice utilizando esta interjección que por cierto viene del árabe y quiere decir ‘Si Dios quisiera’.

Su historia está relacionada con la henna o alheña, un tinte extraído del arbusto del mismo nombre.

Triturando las hojas, se prepara una pasta que se usa en muchos países y desde hace milenios para decorar la piel, las uñas, el pelo e incluso
la ropa.

En cada lugar se usa de forma diferente con variados diseños, pero Marruecos es donde quizás mejor sobresale la práctica y destreza de ese arte.

Con la henna se realiza un tatuaje que no duele y que, además, no es eterno, hecho que en este mundo cambiante es siempre de interés.

Recién llegada a España, a Wasma le costó un poco ambientarse en su primera escuela.

Apenas hablaba el idioma y todos se conocían de cursos anteriores.

Se preguntaba cada día cómo podía ser su amiga y así participar en sus juegos.

Hasta que una mañana entendió muy bien a la profesora cuando les explicó que cada uno ha de ser capaz de identificar sus talentos y ponerlos al servicio de los demás.

Wasma pensó en su abuela Amina, una artista renombrada por sus decoraciones con alheña.

Desde pueblos lejanos llegaban mujeres a su casa para que ella les adornase manos y pies.

Sin esa decoración, es imposible para una mujer marroquí sentirse elegante en una fiesta de matrimonio.

Como Wasma era su única nieta, siempre estaba a su lado ayudándola y paulatinamente aprendía el oficio.

En su escuela anterior, al lado de Wasma se sentaba Marisa, una niña también muy tímida y con la que casi no se hablaba.

Wasma se dio cuenta de que se tapaba el dorso de la mano, y pronto entendió que era debido a la cicatriz de una quemadura que tenía una forma alargada.

Aunque a nadie le importase, parecía que a ella sí.

Un día Wasma llevó fotos del matrimonio de su prima Raghad y se puso a mirarlas de manera que Marisa pudiera verlas y sentir curiosidad.

Así fue y a los pocos segundos le preguntó sobre los dibujos que cubrían las manos de las mujeres.

Wasma le explicó esa tradición para confesarle, como si fuese un secreto, que había traído su cajita de henna, y le propuso pintarle
las manos.

Marisa cubrió su mano de inmediato, pero Wasma enseguida se la tomó entre las suyas tranquilizándola.

"Esta cicatriz no es nada y además nos va a servir de inspiración para lo que vamos a dibujar", le dijo.

Al tiempo, Wasma se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué iba a dibujarle y en su mente solo había las típicas florituras que usan
en Marruecos.

Levantó los ojos pensativa y delante de ella se encontró con el ventanal.

Desde él podía ver a lo lejos la extravagante pero llamativa Torre Agbar, y su silueta
la iluminó.

Durante el recreo corrieron a la mediateca del colegio y Wasma buscó en el ordenador el horizonte de Barcelona desde el mar. Se lo mostró a Marisa y ella asintió sonriendo.

Enseguida se puso manos a la obra y, juntando las dos manos de su amiga sobre la mesa, comenzó
su trabajo.

Fue laborioso, pero al cabo de un rato Barcelona adornaba de un extremo a otro las manos de
su amiga.

Tomó su cicatriz como base de la Torre Agbar, y a partir de ahí trazó la silueta de la ciudad hacia los dos lados...

El monumento a Colón, la Sagrada Familia, el Tibidabo y Montjuïc y otros edificios relevantes cuyo nombre no conocía.

Al volver a la clase, la profesora vio de inmediato las manos decoradas de Marisa y se acercó sorprendida preguntándoles sobre ello.

Al oír la respuesta, pidió al resto de los alumnos que se acercasen para ver su obra elogiándola.

La profesora pidió a Wasma que contase al resto de los alumnos cosas sobre el arte de la alheña y, durante la explicación, repitió las palabras que había escuchado de la maestra sobre poner los propios talentos al servicio de los demás.

A partir de ese momento, Marisa y Wasma dejaron de ser anónimas y eran amigas de todos.

Pero claro, después todo el colegio quiso que les impusiera la henna y Wasma lo hacía encantada.

Cuando había un cumpleaños, ese era su regalo.

Ha pintado desde escenas de manga, hasta caras de jugadores de fútbol, pero normalmente la decoración preferida es la tradicional marroquí, y eso la enorgullece y alegra.

Fin

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