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En el documento The Future of Education and Skills: Education 2030, publicado por la OCDE en 2018, se identifican los numerosos retos a los que se enfrenta nuestra sociedad. El futuro es incierto y no podemos predecirlo, pero podemos prepararnos lo mejor posible para encarar las transformaciones que están por venir.

Los niños y las niñas que inician su educación en 2018 serán jóvenes adultos en 2030. Desde las  escuelas debemos prepararlos para desempeñar trabajos que aún no se han creado, para emplear tecnologías que aún no se han inventado, para resolver problemas que aún no han surgido. Es una responsabilidad compartida aprovechar las oportunidades y encontrar soluciones. Andreas Schleicher, director de educación y competencias en la OCDE, explica que, en un contexto tan complejo, el aporte de la educación es fundamental, ya que, a lo largo de su vida, el alumnado deberá aprender de manera continua y reinventarse según los retos y las oportunidades con los que se encuentre. En este sentido, la competencia de aprender a aprender es clave.

Aprender a aprender es la capacidad de perseguir y persistir en el aprendizaje, de organizar el propio aprendizaje a través de la gestión eficaz del tiempo y la información, tanto individualmente como en grupo. Esta competencia incluye la conciencia del proceso de aprendizaje y las necesidades de cada uno, la identificación de oportunidades disponibles y la capacidad de superar obstáculos para aprender con éxito. Significa, además, obtener, procesar y asimilar nuevos conocimientos y habilidades, así como buscar y hacer uso de la formación. Una parte central de aprender a aprender implica ser capaz de transferir los conocimientos y las habilidades adquiridos a contextos y situaciones diversas: al trabajo, a la formación y a la vida personal.

Un aspecto importante a la hora de trabajar y fomentar la competencia de aprender a aprender del alumnado es desarrollar en él una comprensión crítica sobre aquello que constituye aprendizaje. El alumnado debe entender por qué aprende lo que aprende y, sobre todo, cuáles son las particularidades de su propia manera de aprender. Algunas preguntas útiles para que el profesorado ayude a su alumnado a desarrollar esa comprensión sobre el aprendizaje son las siguientes:

  • ¿Qué significa para mí el aprendizaje en general? ¿Cuáles son mis experiencias hasta ahora?
  • ¿Cuáles son mis metas de aprendizaje? ¿Cómo las alcanzaré?
  • ¿Cómo quiero aprender? ¿Cómo aprendí?
  • ¿Qué actividades me motivan más en mi aprendizaje?
  • ¿Dónde mejoraron mis habilidades y conocimientos?
  • ¿Qué estilo de aprendizaje prefiero: aprender haciendo, leyendo y pensando, observando?
  • ¿En qué otros contextos podría aplicar lo aprendido?
  • ¿Cómo me he enfrentado a los desafíos surgidos en mi proceso de aprendizaje? ¿Qué me motiva para enfrentarme a los obstáculos y para seguir aprendiendo?

Estas preguntas constituyen un primer acercamiento del alumnado hacia el aprendizaje como un proceso orgánico y continuo. Frente a un futuro cambiante e incierto, debemos cultivar en nuestro alumnado capacidades para la innovación, la adaptabilidad y la resiliencia; la competencia de aprender a aprender es clave para cumplir ese objetivo.