¿Y si nuestros alumnos pudieran saber qué han aprendido realmente después de cada día?, ¿y si pudieras saberlo tú? (o ¿y si pudiera saberlo el profesor?)

La personalización de la enseñanza y el aprendizaje es uno de los desafíos que acapara más expectativas en educación en los últimos años. Tanto que no hay programa o proyecto escolar que no incorpore la etiqueta “educación personalizada” en su presentación. Otra cosa es que sea posible llegar a hacerlo. Que la tecnología puede facilitarlo parece indudable, máxime con las soluciones de inteligencia artificial que van incorporando los ecosistemas digitales escolares. Pero, al menos en España, su implementación aún es puntual y temprana, y carecemos de evidencias de impacto.

En China sí hay una investigación que ha demostrado cómo el uso de la tecnología al servicio de la personalización del aprendizaje del alumnado y de la docencia se traduce en una mejora del rendimiento académico. Publicada en Frontiers in Psychology en 2019, se basó en el estudio de una considerable muestra: el alumnado de 547 institutos de Secundaria. Con ellos se puso en marcha el sistema chino de diagnóstico del aprendizaje (CLDS, por su sigla en inglés), cuyo objetivo es dar feedback constante a cada alumno y a cada profesor sobre los logros conseguidos durante las actividades que van realizando en el día a día en vez de esperar al final de una unidad o de un periodo determinados.

El CLDS se basa en el aprovechamiento del big data generado por el alumnado de manera cotidiana para personalizar su enseñanza. El sistema chino recoge los resultados de las tareas encomendadas en clase cada día y los sube a un servidor en la nube. Los resultados se asocian a una serie de atributos basados en la teoría del diagnóstico cognitivo y la puntuación asignada a cada atributo llega a cada alumno y a cada profesor. En función de este feedback y de las debilidades y fortalezas detectadas, los profesores pueden encargar un tipo de tareas u otro al día siguiente. De esta manera, la capacidad de mejorar de cada uno se renueva cada día. Y el profesor llega a los exámenes de evaluación con información fidedigna sobre el proceso de trabajo y de aprendizaje realizado hasta ese momento.

Volviendo a la investigación, una vez pasados tres años de funcionamiento del CLDS en esa muestra de 547 centros, se recabaron los resultados académicos de sus alumnos y se compararon con los obtenidos en otro grupo de 396 centros en los que no se había implementado el sistema. Se analizaron los resultados de unos y otros en el exigente examen de acceso a la Secundaria como punto de partida homogéneo antes de la aplicación del CLDS. Después, se analizaron los resultados al término de dicha etapa.

Entre los estudiantes que habían trabajado con el CLDS durante la Secundaria, se demostró un efecto positivo de +0,31 en la rama de humanidades y de +0,66 en la de ciencias. También, que habían mejorado su percepción de autoeficacia (+0,38), mientras que en el grupo de control se mantuvo sin cambios.

Además, se demostró que el alumnado del grupo experimental logró reducir en un tercio el tiempo de respuesta en los exámenes, lo que fue considerado por los docentes de gran utilidad para poder dedicar más tiempo y atención a las instrucciones y explicaciones sobre el examen.

Cada vez son más las voces que apuntan a la necesidad de implementar soluciones tecnológicas de big data para hacer un seguimiento personalizado del alumnado, y esta investigación demuestra que el alumnado mejora con ello, no solo en cuanto a resultados, sino también por lo que respecta a la autovaloración y las expectativas. Aunque ya hay experiencias de uso de big data en algunos colegios de España, aún queda por afianzar la competencia digital entre gran parte de los docentes y reflexionar sobre los límites éticos del uso datos masivos por parte de los alumnos.