¿Hasta dónde puede la formación mejorar la función directiva?

Son numerosos los estudios que respaldan que el liderazgo del director influye de manera determinante en la calidad de la enseñanza y en los resultados de su alumnado. Tanto es así que en España se ha intentado profesionalizar el acceso a la dirección escolar imponiendo una acreditación de haber sido formado para ello, aunque bien es cierto que un buen liderazgo no puede extender todo su potencial en un sistema con niveles bajos de autonomía escolar.

Además, un buen líder ¿nace o se hace?, ¿hasta dónde puede mejorar el liderazgo la formación para ello?

He aquí una investigación que hace dudar del impacto que realmente puede llegar a tener la formación para directores, al menos por sí sola. La llevó a cabo el Instituto de Ciencias de la Educación de EE. UU. para evaluar los efectos de un programa de desarrollo profesional de directores de Educación Primaria enfocado a la observación de los profesores en el aula, que es una práctica con evidencias de impacto positivo que cada vez se extiende más entre los países de la OCDE, pero no así en España, según refleja el Informe TALIS.

Los investigadores seleccionaron un centenar de escuelas de cinco estados. En la mitad de ellas, los directores recibieron cerca de 200 horas de formación a lo largo de dos años para instruirles y entrenarles en la observación de la práctica docente y en la información al docente de la propia observación. En la otra mitad de las escuelas no se dio esa formación, y se formaron parejas de escuelas con y sin formación de directores para comparar los resultados del alumnado entre unas y en otras. Para ello se analizaron las notas obtenidas por los alumnos de 3.º y 5.º en diferentes pruebas y en dos cursos consecutivos: el año en el que se implementó el programa de observación docente y el siguiente.

El primer hallazgo fue que las notas de los estudiantes de unos y otros centros eran similares. Es decir, la formación de directores para llevar a cabo la observación no había tenido impacto alguno en el rendimiento de los alumnos. Pero lo peor fue constatar que los directores formados para la observación no habían ampliado el número de observaciones a los profesores y que, además, los docentes de esos centros se sintieron menos apoyados por sus directores y recibieron menos feedback de ellos que aquellos colegas cuyos directores no habían recibido la formación.

La investigación abre muchas incógnitas sobre la eficacia de la formación y cuántos otros factores influyen tanto en la dirección educativa de un centro como en la práctica docente. Pero, inevitablemente, a los investigadores les hizo preguntarse hasta qué punto es determinante la formación de directores para mejorar su capacidad de liderazgo. Siempre cabe pensar si el verdadero liderazgo escolar va en la calidad de la persona y no tanto en las horas de formación invertidas.