¿Los cursos y talleres que has recibido en los últimos años han ayudado a mejorar a tu alumnado?

En los últimos años, en España, se ha puesto el foco en la formación inicial y su supuesta ineficacia para el ejercicio de la enseñanza y el abordaje de problemas cada vez más complejos entre el alumnado. Tanto es así, que la reforma de la formación inicial ha pasado a estar entre las prioridades de la política educativa.

En cambio, nada se cuestiona sobre la formación continua docente y su eficacia en el trabajo del profesorado. Muy al contrario, tiende a ensalzarse su importancia como vía de compensación de las eventuales carencias achacables a la formación inicial y como un deber necesario para adaptar la enseñanza a los rápidos cambios de la sociedad y de la escuela. El profesorado se siente empujado, cuando no presionado desde instancias superiores, a hacer múltiples cursos, cursillos y talleres. Y en las propuestas de reforma de la carrera docente que estudia el propio Gobierno, se contempla un sistema de incentivos y reconocimientos de la formación continua.

Sin embargo, se echan en falta alusiones a evidencias científicas que respalden la importancia de esa formación continua o que analicen qué tipo de formación continua genera mayor o menor impacto. No es un asunto que haya motivado mucha investigación hasta ahora. Pero haberla la hay, y sus resultados no son nada concluyentes.

Así lo ha demostrado la revista Campbell Systematic Reviews con la revisión de 51 investigaciones sobre formación continua docente realizadas hasta el año 2018, la mayoría de ellas en EE. UU. debido a la ausencia de estudios en otros países, que es, precisamente, una de las conclusiones del estudio.

Se revisaron 12 investigaciones sobre formación docente en educación socioemocional, 38 sobre formación para intervenciones en lengua y competencia lingüística, y una más sobre reducción del estrés. Sin embargo, solo la mitad de ellas tenía suficiente solidez como para tener en cuenta sus resultados. Y estos, en cualquier caso, no arrojaron nada significativo. El hallazgo principal es que ninguno de los casos de formación docente investigados se tradujo en una mejora del rendimiento del alumnado y no pudo concluirse si esta formación había sido eficaz o ineficaz en algún sentido.

La segunda conclusión de esta revisión es un llamamiento a investigar más sobre la eficacia de los programas de formación profesional continua en el ámbito de la educación en todos los estados.