El ímpetu por la transformación educativa no descansa. Día a día, los centros educativos, el profesorado y los equipos de investigación educativa trabajan para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Dentro de esta transformación, el aprendizaje por competencias se ha consolidado indiscutiblemente como el enfoque más apropiado para preparar a una ciudadanía capaz de enfrentarse a los retos del siglo xxl.

Como es lógico, un cambio en la manera de enseñar y de aprender implica necesariamente un cambio en la manera de evaluar. En este sentido, Begonya Oliveras, profesora asociada al departamento de Didáctica de las Ciencias y las Matemáticas de la Universidad Autónoma de Barcelona, deja claro que el profesorado debe tener herramientas y conocimientos de evaluación específicos para cada competencia. Sin embargo, hace énfasis en una forma de evaluación que es de gran importancia y además transversal para todo el marco competencial: la autoevaluación.

Olivares mantiene que la manera más objetiva de evaluar es triangulando métodos y resultados. Es decir, la autoevaluación no llega para reemplazar otras formas de evaluación. Al contrario, las ventajas de la autoevaluación son aún mayores cuando es utilizada en combinación con la evaluación entre pares y los métodos más tradicionales de evaluación y seguimiento por parte del profesorado.

Su trabajo y sus investigaciones indican que la autoevaluación da como resultado una imagen más veraz de la comprensión, ya que potencia la capacidad metacognitiva del alumnado. Adicionalmente, autoevaluarse implica, por definición, ser consciente y conocer a fondo los objetivos de enseñanza y aprendizaje, lo que ayuda en la definición de objetivos, la capacidad de planificar y la elección de métodos de aprendizaje.

 

La autoevaluación es un gran complemento para la coevaluación y la evaluación por parte del profesorado, ya que el alumnado estará en capacidad de:

  • Identificar sus dificultades y puntos fuertes.

  • Establecer metas realistas.

  • Planificar de manera estratégica cómo alcanzar sus objetivos.
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  • Proporcionar ejemplos y evidencias de su aprendizaje.
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  • Analizar su historial de aprendizaje para monitorear su mejora.
 

La autoevaluación emerge, entonces, como una estrategia más al alcance del alumnado, el profesorado y los centros educativos para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje. A diferencia de otras, puede ser implementada en cualquier aula y escuela, ya que no requiere una inversión en material o formaciones costosas. En conclusión, una herramienta ideal para seguir potenciando la transformación educativa.