Descripción

Las intervenciones sobre la conducta pretenden mejorar el rendimiento escolar reduciendo las conductas problemáticas. Este artículo aborda estrategias dirigidas a reducir la existencia de distintas conductas, desde interrupciones de menor importancia a agresividad, violencia, acoso escolar, consumo de drogas y actividades antisociales en general. Las intervenciones se pueden dividir en tres categorías principales:

  1. Metodologías para desarrollar valores escolares positivos o mejorar la disciplina en el conjunto del centro, cuyo objetivo también es promover una mayor implicación en el proceso de aprendizaje.

  2. Programas universales que tratan de mejorar la conducta y que suelen desarrollarse en el aula.

  3. Programas más especializados que van dirigidos a estudiantes con problemas conductuales específicos

Otras metodologías, como los programas de participación de la familia y de aprendizaje emocional y social, a menudo se asocian a mejoras en la disciplina o los valores escolares, pero no se incluyen en este artículo, que se limita a intervenciones centradas directamente en la conducta.

¿Qué eficacia tiene?

Las evidencias sugieren que, de media, las intervenciones sobre la conducta pueden aportar mejoras moderadas en el rendimiento académico, además de una disminución de las conductas problemáticas. Sin embargo, los beneficios estimados varían mucho entre las distintas categorías de programas descritos anteriormente. Los efectos son mayores en intervenciones específicas adaptadas a determinado alumnado con necesidades o problemas de conducta concretos que en intervenciones universales o estrategias dirigidas a todo el centro. Las metodologías centradas en la conducta en el centro suelen estar relacionadas con mejoras en el rendimiento escolar, pero no existen evidencias que demuestren que las mejoras se deban realmente a las intervenciones sobre la conducta, en lugar de a otras intervenciones escolares que se produzcan al mismo tiempo. Los programas de participación familiar y comunitaria suelen asociarse a mejoras en la disciplina o valores del centro y, por tanto, merecen ser considerados como alternativas a las intervenciones directas centradas en la conducta.

Parece que otras metodologías, como mejorar la gestión de la conducta por parte del profesorado y las habilidades cognitivas y sociales del alumnado, tienen la misma eficacia.

La mayoría de estudios describen un mayor impacto en alumnado de mayor edad. Existen ciertas evidencias anecdóticas sobre los beneficios de reducir la conducta problemática del alumnado conflictivo en el rendimiento escolar del resto de la clase, pero se trata de una dimensión poco estudiada en las evaluaciones de programas conductuales.

¿Qué fiabilidad tienen las evidencias?

En general, es evidente que reducir las conductas problemáticas en los centros educativos puede tener un efecto directo y duradero en el aprendizaje del alumnado. Esta conclusión se basa en varios metaanálisis que examinan estudios sólidos de intervenciones en centros de enseñanza.

Se impone cierta cautela a la hora de interpretar las conclusiones principales, pues la mayoría de metaanálisis de intervenciones conductuales se centran en alumnado diagnosticado con trastornos emocionales o conductuales específicos, no en las interrupciones de menor importancia que se producen en el aula. Se requieren más estudios para investigar la relación existente entre las metodologías universales para mejorar la conducta general en clase y la mejora de los resultados de aprendizaje.

Hay un metaanálisis de una intervención sobre el control de la ira que señala un efecto positivo en la conducta pero un impacto negativo general en el aprendizaje, lo que implica que es importante realizar una selección y una evaluación cuidadosa del alumnado destinatario y demuestra que se puede disminuir la conducta problemática sin mejorar el aprendizaje.

Coste

Los costes variarán mucho dependiendo del tipo de intervención. Las intervenciones sobre la conducta dirigidas por el profesorado en el aula son las menos costosas (el único coste sería el relativo al desarrollo profesional continuo relevante), pero también las menos eficaces. El apoyo individual es más caro, pero más eficaz. El coste mencionado aquí se refiere al coste de las intervenciones más intensivas. En general, se calcula que los costes son moderados.

¿Qué se debe tener en cuenta?

Antes de implementar esta estrategia en un entorno educativo, se debe tener en cuenta lo siguiente:

  1. Las intervenciones específicas dirigidas a estudiantes con un diagnóstico de trastornos emocionales o conductuales, o en riesgo de padecerlos, tienen mayores efectos.

  2. Los programas con una duración de dos a seis meses parecen ofrecer resultados mucho más duraderos.

  3. Las grandes diferencias observadas en el impacto sugieren que los centros deberían buscar programas que cuenten con una trayectoria probada de efectos.

  4. ¿Se ha planteado qué tipo de formación y desarrollo profesional se necesita para los programas que se planea poner en marcha?

  5. ¿Se ha analizado cómo se puede implicar a la familia o a las comunidades en los programas conductuales? Esta medida parece aumentar el impacto.

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