Evolución humana: cuna africana

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Datos básicos

    •  
    • Nivel educativo
    • Educación Primaria | ESO
    •  
    • Área de conocimiento
    • Sensibilización social | Ciencias de la naturaleza - Biología y Geología
    •  
    • Competencias
    • Competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología | Competencias sociales y cívicas
    •  
    • Idioma
    • Castellano
    •  
    • Duración
    • 00:04:31 minutos
    •  
    • Año
    • 2014
    •  
    • Autor
    • Obra Social “la Caixa”
    •  
    • Licencia
    • Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España

Descripción

Con este vídeo, el alumnado conocerá de primera mano la tesis de Darwin sobre la evolución, y apreciará su importancia histórica. Adoptará una actitud crítica ante el tópico de que «descendemos de los chimpancés» y comprenderá que humanos y chimpancés provienen de un ancestro común perteneciente a linajes distintos.

Por último, reflexionará sobre la polémica que levantó Darwin al defender que África es la cuna de la humanidad, y apreciará cómo la evidencia científica ha corroborado esta teoría.

Objetivos

• Apreciar la importancia histórica de la tesis de Darwin y, particularmente, de su tesis sobre el origen del hombre.
• Identificar como errónea la idea de que descendemos de los chimpancés
• Comprender que compartimos un ancestro común
• Identificar como errónea la creencia etnocéntrica que supone un origen europeo de la humanidad

Competencias

Competencias a adquirir

  • Competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología

  • Competencias sociales y cívicas

 

 

Materiales y descargas

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OTRA INFORMACIÓN DIDÁCTICA

Charles R. Darwin, eminente naturalista inglés, planteó en 1871 (El origen del hombre) que los humanos habíamos evolucionado a partir de formas simiescas. Esto escandalizó a la sociedad europea, que seguía situando nuestros orígenes en modelos más humanos.

Pero Darwin, tras estudiar las semejanzas anatómicas y conductuales entre los grandes simios y nosotros, llegó a la conclusión de que humanos y chimpancés compartimos un ancestro simiesco. Seguidamente, Darwin determinó la ubicación de los eslabones fósiles que, a partir del ancestro común con los chimpancés, debían existir hasta llegar a los Homo sapiens del presente. Tras observar que humanos y chimpancés vivían en África, determinó que la cuna de nuestro linaje se encontraba allí.

Sin embargo, en su época se tenía una visión etnocéntrica del mundo. Las clases acomodadas europeas consideraban erróneamente que África era un lugar incivilizado y lleno de salvajes; mientras que Europa, cuna de la cultura grecorromana, era según ellos mucho más sofisticada. Darwin fue criticado y su teoría, descartada. Décadas más tarde, los descubrimientos de fósiles atribuidos al Niño de Taung (Australopithecus africanus) –Sudáfrica, 1924– y a Lucy (Australopithecus afarensis) –Etiopía, 1974–, entre otros, sirvieron para corroborar las ideas de Darwin. Estos fósiles corresponden a los homínidos (primates bípedos) y son algunos de los primeros representantes de nuestro linaje: una mezcla de características anatómicas simiescas y humanas.

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