A veces puede ocurrir que estemos tristes y no sepamos el porqué, o que nos despertemos especialmente felices y también desconozcamos el motivo. Sencillamente lo estamos. La importancia de la educación emocional radica precisamente ahí: en enseñarnos a identificar emociones –tanto propias como ajenas– y a saber gestionarlas; además de ayudarnos a superar metas, querernos y respetar a los demás. Y es que ya nos lo decía Aristóteles: “Educar la mente sin educar el corazón no es educar”. Por ello, uno de los retos del sistema educativo actual es trabajar para una educación más humana que otorgue una mayor importancia a las emociones. Fomentarlas dentro del aula nos puede permitir trabajar valores y habilidades como el diálogo, la escucha activa, la tolerancia o el respeto, que cada vez cobran más importancia en la sociedad actual. Es precisamente a partir de esos valores cuando se crea una cultura de aula, o incluso de centro; y que, sobre todo, puede garantizar un mejor ambiente y un mejor entorno de aprendizaje para el alumnado.

Con el propósito de fomentar la educación emocional dentro del aula surge el ciclo de conferencias EMOcionaTOUR, una iniciativa gratuita de EduCaixa en colaboración con La Granja Escola, que este año ha vuelto a poner en el centro de la mesa la importancia que tiene trabajar las emociones en el ámbito educativo. En forma de tour por los distintos centros CaixaForum de España, nos hemos rodeado de diferentes expertos y expertas en educación emocional y hemos aprendido claves, estrategias y métodos para poner en práctica la educación emocional en el aula. El objetivo es claro: acercar la educación emocional a docentes y profesionales de la educación.

Eva Bach nos hablaba de lo que significa educar a adolescentes hoy en día. “Es contribuir a que las cosas buenas y bellas que tienen que pasar en las vidas de los chicos y las chicas, pasen”, decía. Esto implica quererlos, escucharlos, atenderlos y adoptar distintas formas de comunicación que emocionalmente sean efectivas.

Jordi Amenós nos desvelaba el atractivo de la narrativa terapéutica, un abordaje de ayuda y reflexión que permite que nos conozcamos mejor a través de la mirada del otro. Un método que permite al alumnado poder mirar más allá de sí mismo y que necesite a sus compañeros y compañeras. Trabajar con este tipo de narrativa nos hace ver que en todos y todas puede haber emociones no expresadas, deseos y una voluntad de comprender a los demás. Amenós ha animado a los docentes a “dignificar la vulnerabilidad”, invitándoles así a ser más transparentes con sus alumnos y alumnas para no alimentar los silencios entre ambas partes.

Cristina Gutiérrez reflexionaba sobre la importancia de las competencias emocionales, que no dejan de ser nuestras capacidades, para llevar a cabo una actividad de manera eficaz y con calidad. En ese sentido, aseguraba que tan solo hace falta que tengamos la voluntad de hacerla.

Arantxa Ribot nos hablaba del papel que juegan las evidencias educativas en la educación emocional. Y es que, de modo contrario a cómo se las suele ver, son elementos clave para avanzar de manera rigurosa y eficiente a lo largo del cambio educativo que estamos experimentando en la actualidad. Nos sirven para ver qué funciona y qué no en cada entorno educativo, qué es necesario cambiar y cómo saber cuál es la mejor alternativa.

Javier Cebreiros nos invitaba a reflexionar en torno a la idea de “comunicarse bien”, que consiste en entender que para ser mejor comunicador hay que trabajar por ser mejor persona. Y nos recordaba la importancia de la autenticidad y el poder que tienen las emociones como ejes conductores de una buena comunicación.

No te preocupes si no has podido asistir a alguna de las sesiones; muy pronto encontrarás un dosier de la conferencia aquí.