Desde el momento en que las autoridades anunciaron que se suspendería la actividad docente presencial, los centros comenzamos a adaptarnos para una enseñanza en línea. Es cierto que muchos profesores ya estábamos trabajando algunas cuestiones de manera virtual, pero como un complemento a nuestra actividad docente en el aula.

Sin embargo, esta situación es diferente, porque hemos tenido que cambiar por completo el concepto. No se trata de realizar algunas actividades desde casa, se trata de que todo el aprendizaje, al menos durante el tiempo que dure el confinamiento, va a ser de esta manera.

Así que nos pusimos a configurar la plataforma educativa con la que cuenta el centro para todos los grupos y todas las asignaturas, buscando y creando materiales para el aprendizaje, secuenciándolos de manera semanal para mostrárselo al alumnado y, quizá lo más complejo, viendo la manera de evaluar el trabajo realizado. Algunos profesores comenzaron a realizar sus clases por videoconferencia, lo que ha sido copiado por una buena parte del claustro ante los buenos resultados.

Al principio recibimos algunas quejas de las familias, con razón, ante la gran cantidad de actividades que estaban recibiendo. Y es que no es fácil crear una escuela virtual en un fin de semana con un profesorado sin formación para la docencia en línea. Tuvimos que ir, en muy poco tiempo, acomodándonos a la situación. Tanto nosotros como los alumnos, que tampoco sabían qué era trabajar de una manera no presencial.

Pero, en pocos días, las críticas de las familias y del alumnado se tornaron agradecimientos hacia la labor que se estaba realizando. Sobre todo, porque, en muchos casos, los profesores estábamos disponibles a casi cualquier hora del día.

El alumnado se está acostumbrando a trabajar en casa, a organizarse, a levantarse temprano para ir a clase… Muchos de nuestros alumnos se levantan por nuestra culpa o, mejor dicho, gracias a nosotros. Sin lugar a dudas estamos siendo un factor de normalización de unas vidas que, en caso contrario, estarían completamente dislocadas. La escuela, una vez más, está prestando un servicio a las familias que va más allá del servicio educativo.

Los docentes, por nuestra parte, y tras unos inicios un poco estresantes, de mucho trabajo y más agobio, estamos viviendo, en general, este momento como una posibilidad de crecimiento. Para nosotros es un tiempo para probar cosas que alguna vez hemos pensado, pero que no nos hemos atrevido, bien por inseguridad, bien por falta de tiempo.

También, para muchos de nosotros, está siendo un tiempo de cambio real en cuanto a la visión que tenemos de la educación. Mucho se ha hablado de que, en este nuevo tiempo, el docente ha dejado de ser el portador y transmisor de conocimientos para pasar a ser un acompañante de los jóvenes en su proceso de enseñanza, en el que ellos son, ahora sí, los auténticos protagonistas del aprendizaje.

Porque los jóvenes no van a dejar que su futuro se trunque por culpa de una enfermedad. Ellos, como todas las generaciones cuando tenían esa edad, van a ser capaces de adaptarse a los nuevos retos que la vida les plantee, tanto desde un punto de vista educativo, como laboral, emocional… Ellos son el futuro, y el presente de nuestra sociedad, y lo están demostrando en estos difíciles días de confinamiento.

Cabe recalcar la labor de liderazgo del equipo directivo ante esa situación excepcional que estamos viviendo. Un liderazgo que, si bien normalmente es necesario, ahora se ha vuelto imprescindible. En este momento de desconcierto, en el que en la escuela ha aparecido un escenario que nunca antes nadie se había planteado, los equipos directivos hemos tenido que ser capaces de tranquilizar a todos los sectores de la comunidad educativa y comenzar a unir fuerzas y liderar el proyecto educativo de una nueva manera: en línea.

En los momentos de incertidumbre, una comunicación rápida, clara y coherente es muy importante. Estar informados de qué pasa y cómo se va a actuar. Tan solo diez minutos después de recibir la noticia de suspender la actividad presencial, tanto el profesorado como las familias tenían ya un mensaje, a través de la web, la plataforma iPASEN, y el correo corporativo del centro, en el que les tranquilizábamos y les informábamos de que la enseñanza iba a continuar; de otra manera, pero que íbamos a continuar.

Además de la información, la cercanía a las familias era algo que consideramos irrenunciable. Por ello se habilitaron dos líneas telefónicas (dirección y jefatura), más los correos de todo el equipo directivo, para resolver cualquier problema que pudiera presentarse. Las familias y el alumnado necesitaban saber que el centro seguía ahí, que podían contar con nosotros, incluso para cuestiones no académicas. A las familias más vulnerables se les ha escuchado (¡qué necesario!) y asesorado sobre las posibilidades de conseguir ayudas extraordinarias, gracias a la información que recibíamos de los servicios sociales del ayuntamiento y otras organizaciones (entre ellas la Caixa) con las que habitualmente trabajamos en red.

Paralelo al trabajo con las familias está el trabajo con el profesorado. Un profesorado formado mayoritariamente para la enseñanza presencial y que, como todos, se sentía desorientado. Una adecuada información a todos unida a la cercanía, exactamente igual que con las familias, ha sido uno de los pilares de que este nuevo modelo de enseñanza esté funcionando. Era necesario que se sintieran comprendidos frente a la adversidad, orientados para resolver los problemas y animados en el camino. Y sin agobiar a nadie.

Aquí, además del teléfono y los grupos de WhatsApp, el correo electrónico ha sido una herramienta fundamental. Una vez al día, para no crear sensación de sobreinformación y agobio, se ha ido informando al claustro de todas las novedades que iban surgiendo y de cómo estas iban a concretarse en nuestro centro y contestando las distintas dudas que se iban presentando.

Toda esta labor nos ha hecho aumentar la coordinación y la comunicación entre los miembros del equipo directivo. Correos, mensajes y videoconferencias han sido la rutina de las primeras semanas. Y nos ha obligado a tener una disponibilidad total para que las respuestas a las inquietudes de los distintos miembros de la comunidad educativa tuviesen una respuesta lo más ágil posible.