Del cerebro a las manos: Gever Tulley y McKenzie Price nos hablan sobre el método tinkering

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¿Quién no ha experimentado alguna vez satisfacción al construir un objeto con sus propias manos? Puede que te hayas sentido feliz al ver que eras capaz de crear algo nuevo y quizá único. Sin embargo, a menudo ese proceso está condicionado por una hoja de ruta o un manual de instrucciones, lo que impide que desarrollemos nuestra creatividad. Dejar que la imaginación cree nuevos horizontes nos abre una perspectiva de soluciones a distintos problemas. Seguro que alguna vez te has encontrado en una situación de bloqueo de la que has conseguido salir gracias a tu propio ingenio. Este hecho es cada vez más frecuente en el ámbito educativo: permitir que los niños hagan crecer su creatividad es tan o más importante que el mero hecho de aprender. Se trata de un proceso de ensayo-error que les permite mejorar su técnica y adquirir otras nuevas. En esa filosofía se basa precisamente la metodología tinkering, que consiste en crear algo nuevo con la ayuda de nuestras manos. Una iniciativa que surge en el Exploratorium de San Francisco y que hace unos meses fue trabajada en un taller práctico organizado por EduCaixa y dirigido a profesores. En este, Gever Tulley y McKenzie Price ofrecieron las claves para que todos ellos llevaran a cabo el tinkering en el aula exitosamente. 

Como si se tratase de un viaje espacial, Price y Tulley crearon un escenario ficticio inspirándose en el arte tecnológico de Tom Sachs. Los docentes tenían el reto de diseñar y construir un hábitat marciano a partir de materiales tan cotidianos como el cartón, el papel y la cinta adhesiva. Una experiencia vinculada al creciente desarrollo de la metodología tinkering como posibilitadora de nuevos horizontes teóricos a partir de la práctica educativa

Podríamos decir que el tinkering es una rama del movimiento Do It Yourself (DIY) que rápidamente se ha convertido en una herramienta educativa muy eficaz para el empoderamiento de niños y jóvenes. El hecho de que sean ellos quienes decidan qué hacer y cómo hacerlo provoca que tengan la pelota en su campo, sin que el profesor les condicione. Y es que el rol del profesorado cambia, y actúa ahora como un guía, y apoya y asesora a su alumnado con sus decisiones.

La capacidad creativa, la toma de decisiones, el trabajo cooperativo o el saber trabajar basándose en proyectos y retos son habilidades transversales que congenian perfectamente con las disciplinas STEAM, un enfoque que integra ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas. Por este motivo, vemos cómo el tinkering está cada vez más relacionado con el enfoque STEAM.

En ambos se promueve la toma de decisiones por parte del alumnado y se le anima a seguir el método de prueba y error, muy popular en la ciencia. Sus eficaces fórmulas han llegado a varios centros educativos y han creado escuelas especializadas en este tipo de metodologías. Es el caso de Tinkering School y Brightworks, fundadas por Gever Tulley. En la primera se llevan a cabo programas extraescolares y de verano, mientras que la segunda es una escuela privada de educación Primaria y Secundaria.

En el mencionado taller práctico de Gever Tulley y McKenzie Price, ambos ofrecieron las principales claves del tinkering. Tulley dijo algo tan revelador como que “todo el mundo nace para ser un tinkerer”. Aseguraba que “es un impulso natural que tenemos como niños para tratar de comprender las cosas organizándolas de maneras novedosas y descubriendo nuevas relaciones”. También señalaba que “la revolución consiste en centrarse en los hábitos de aprendizaje permanente, en la colaboración y en la resolución de problemas mediante el juego”. Una idea similar a la que defendía Price al afirmar que “el futuro es colaborativo, y esta valiosa habilidad implica saber trabajar con otras personas”. También hablaba del papel del educador en Brightworks, donde es una de las fundadoras del equipo docente: “trabajar junto con los estudiantes, aprender con ellos, no impartir conocimiento sino ponerlo a su alcance”.

Por su parte, Nuria López —profesora del CESIRE (Centro de Recursos Pedagógicos Específicos de Apoyo a la Innovación y la Investigación Educativa)— habla sobre la importancia de que la escuela proporcione cuatro cosas fundamentales: el pensar, el hacer, el comunicar y el emocionarse. Explica que cualquier persona, independientemente de la edad que tenga, puede experimentar esta metodología. Es inclusiva porque permite resolver un problema de distintas formas, y colaborativa porque nos abre la posibilidad de trabajar en grupo. Tan solo hay un requisito: dejar fluir lo que llevamos dentro.

 

¿Tú también has experimentado el método tinkering? Cuéntanoslo en Twitter (@Educaixa) a través de #Tinkering y compartiendo este contenido.

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