Las transformaciones socioeconómicas y las innovaciones tecnológicas han puesto de manifiesto la necesidad de reorientar la educación y la formación del alumnado. A pesar de que los centros educativos son entendidos como el vehículo que permite la incorporación y participación del alumnado en la sociedad, estos ya no son exclusivamente sobre los únicos que recaen las miradas de la responsabilidad formativa.

Y es que, ante la necesidad de una transformación educativa, son muchas las entidades del mundo pedagógico que han querido dar respuesta a este nuevo escenario: actividades extraescolares, museos, centros culturales, fundaciones, etc. Pero ¿qué límites y relaciones se establecen entre ellos en este continuum educativo, entendido como aquel proceso mediante el cual el alumnado aprende de forma permanente independientemente del espacio de aprendizaje?

Bajo esta premisa el alumnado aprende en todo momento y en cualquier lugar, y esta concepción de continuum en la educación pretende cambiar la visión tradicional de una formación fragmentada y exclusiva de la escuela hacia otra más comunitaria y holística. Sin embargo, las respuestas educativas que encontramos se presentan en ámbitos, aún, poco coordinados entre sí, lo que resulta una cierta paradoja teniendo en cuenta la sociedad interconectada y fluida en la que vivimos.

 

Con el objetivo de complementar las potencialidades educativas del entorno y la comunidad, se hace necesaria una visión diferente del papel de la escuela en la educación, entendiendo la formación del alumnado como un proyecto cooperativo dentro de una red socioeducativa colaborativa. Este tejido colaborativo estaría formado por todas aquellas instituciones y actores comunitarios que tienen una responsabilidad en el proceso de aprendizaje de los niños y las niñas.

El principal reto al que se enfrenta este tejido educativo transversal es la necesidad de coexistir de una manera integrada, compartiendo objetivos y ofreciendo respuestas coherentes, coordinadas y eficaces. Para ello se hace necesaria la cooperación entre las diferentes instituciones, recursos, servicios y agentes educativos.

Este cambio de mirada hacia la complementación de los distintos contextos pedagógicos no es una novedad; a lo largo de los años ya han ido surgiendo propuestas que trataban de aunar esfuerzos por parte de las comunidades y los barrios. Por ejemplo, los proyectos educativos de barrio, los proyectos de aprendizaje servicio, actividades educativas proveídas por centros culturales, entre otros.

 

Existen experiencias internacionales de continuum educativo ampliamente consolidadas, como es el caso del Extended Schools, un programa aplicado en Reino Unido con el que se busca la continuidad del trabajo escolar en diferentes servicios comunitarios. O bien el caso de Francia, con su proyecto Zones d’Éducation Prioritaire, con el que se pretende reforzar la relación entre la familia, la escuela y la comunidad en actividades conjuntas fuera del horario lectivo.

Asimismo, existe evidencia de que visitar centros culturales y museos afecta positivamente el rendimiento escolar. Larry Suter, profesor e investigador de la universidad de Michigan, examinó los datos de dos encuestas longitudinales: el Estudio Longitudinal de la Juventud Americana (LSAY) y la Encuesta Longitudinal de la Escuela Secundaria 2009 (HSLS). El LSAY comenzó en 1987 con 2.568 estudiantes de 7º grado, de los cuales 2.000 fueron evaluados nuevamente en 10º grado y 1.500 nuevamente en 12º grado. La encuesta examinó las actitudes hacia las matemáticas y las ciencias, los cursos realizados, las calificaciones obtenidas y los datos demográficos del alumnado, incluida la frecuencia de visitas a instituciones de aprendizaje externas a la escuela. El HSLS recopiló datos de 21.000 estudiantes de EE. UU. que estaban en 9º grado en 2009. También recolectó información sobre las actitudes de los estudiantes hacia las matemáticas y las ciencias, el contexto familiar de los estudiantes, incluida la cantidad de visitas a los museos de ciencias y centros culturales.

 

El análisis de Suter demuestra, con un resultado estadísticamente significativo (p <.01), que el rendimiento en ciencias fue mayor para los estudiantes que asistieron a museos de ciencias al menos una vez al año entre los grados 7º y 12º. Aunque el rendimiento se ve influenciado por el contexto familiar y los resultados académicos anteriores, el análisis muestra que estas variables no pueden ser las únicas determinantes en el rendimiento; las actividades educativas complementarias a la escuela son decisivas.

Como vemos, el desarrollo de esta visión de tejido colaborativo está vinculado a un factor clave y decisivo que los hace viables: la colaboración e interdependencia positiva en pro a una verdadera corresponsabilidad educativa. Este es el verdadero continuum educativo.