Con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia hablamos con científicas, científicos y docentes sobre la situación en la que se encuentra el ámbito científico y las barreras que nos encontramos para fomentar que más niñas puedan acceder más fácilmente a las carreras de ciencias.

Digna Couso –doctora en didáctica de las ciencias– ofrece tres argumentos para fomentar la educación STEM desde una perspectiva de género en las aulas:

- La cantidad, que es la necesidad de tener a más profesionales, ya sea por las vocaciones, las necesidades de la industria 4.0 o la tasa de desempleo high-tech.

- La calidad, en la que se incluye la necesidad de contar con una diversidad de perfiles y visiones, la perspectiva de género o la calidad de la investigación.

- La equidad, que se traduce en la necesidad de alfabetizar el STEM para todos y todas desde una perspectiva de do it yourself, maker y de ciencia ciudadana.

Como muy bien explicaba Couso en una entrevista para EduCaixa, “hay que hacer una ciencia social, contextualizada, que guste a todo el mundo para combatir una de las mayores problemáticas del área de las ciencias, y es que, en el ámbito científico-tecnológico, sigue habiendo unos perfiles profesionales muy homogéneos”. Por ejemplo, en cuestión de género, un informe de ASPIRES Project muestra el bajo porcentaje de aspiraciones pro-STEM (25%): tan solo el 5,3% de las niñas aspiran a convertirse en profesionales de la ciencia y la ingeniería, frente a un 12,2% de niños.

Se trata de un dato que preocupa especialmente a Rosa María Menéndez López, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): ve que la falta de diversidad en la ciencia o en la educación científica supone un inconveniente en el ámbito de las ciencias: “Aunque solo fuera por una cuestión de número, ninguna disciplina debería querer prescindir de la mitad de las personas que podrían elegirla, ejercerla y desarrollarla”. Y añade: “El hecho de que las carreras STEM cuenten con un número inferior de mujeres puede deberse a la falta de modelos y referencias, a un temor no justificado, a la influencia de la familia, y a diversos factores del entorno”. También Marta Macho-Stadler, investigadora en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco, argumenta en esa misma línea: “En cualquier disciplina, la riqueza de miradas, la diversidad, es sana y es la que garantiza avances auténticos. En el caso de la ciencia, muchas disciplinas poco feminizadas mejorarían, sin ninguna duda, con una mayor presencia de mujeres que llegaran además a liderar”.

Estas primeras reflexiones nos llevan a pensar en la necesidad y la importancia de aplicar una perspectiva de género en la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias en los centros educativos. Es evidente que los docentes juegan un papel esencial en esa perspectiva de género, pero es necesario ver más allá: en ocasiones, los libros siguen ofreciendo una imagen distorsionada del papel de la niña y la mujer. Como explica Menéndez, “en los libros de texto, la imagen que se ofrece de los científicos y de los innovadores es predominantemente masculina. Sería de gran ayuda si los materiales educativos experimentaran una revisión desde la perspectiva de género para evitar que se perpetúen estos estereotipos”. Desterrar estereotipos es también la conclusión a la que llega Macho-Stadler, quien asegura que sigue habiendo la percepción de que los estudios científico-tecnológicos son más adecuados para los chicos y que lo biosanitario lo es más para las chicas. “Esto se transmite en casa, socialmente, y por supuesto en la escuela”, dice. Y asegura que más que recursos, lo que falta es formación y ganas de intentar cambiar las cosas.

Cuando preguntamos a los científicos y a las científicas cuáles son los retos a los que debemos enfrentarnos para facilitar el acceso de las mujeres a la ciencia, todos y todas coinciden en que debemos ir hacia una cultura de la colaboración y participación, y alejarnos de los estereotipos de la educación científica.

Por ejemplo, Digna Couso señala la importancia de dejar de identificar a la persona científica con un hombre blanco de clase media. Este es el estereotipo que nos inculcan los medios de comunicación y del que debemos huir. Es necesario dejar de imaginarse a los científicos y a las científicas como a personas que se encuentran solas en un laboratorio, porque no es así. Están rodeados de compañeros y compañeras, con quienes trabajan de manera colaborativa, y por ello resulta fundamental que, desde el ámbito STEM y desde la propia aula, se fomente una “cultura de la participación” y deje de proyectarse una “cultura de la excelencia”. De este modo será posible que un mayor número de personas (niñas y jóvenes) muestren interés por el STEM y es que uno de los objetivos marcados para fomentar las vocaciones y carreras científicas es conseguir que el alumnado entienda que “el STEM necesita a gente como tú”.